viernes, 25 de noviembre de 2016

FALLECE FIDEL CASTRO A LOS 90 AÑOS



Líder  autoritario o tirano sin más para media humanidad, leyenda revolucionaria y azote del imperialismo yanqui para los más desposeídos y la izquierda militante, Fidel Castro era el último sobreviviente de la Guerra Fría y seguramente el actor político del siglo XX que más titulares acaparó a lo largo de sus 47 años de mando absoluto en Cuba. Estrenó su poder caudillista el 1 de enero de 1959 tras derrocar a tiro limpio al régimen de Batista. Ni siquiera en el ocaso de su existencia, después de que una enfermedad lo apartó del Gobierno en 2006, desapareció su influencia en una isla que siempre se le quedó pequeña, pues Castro la concebía como una pieza más de ajedrez en la gran partida de la revolución universal, su verdadero objetivo en la vida. Su muerte, cuando los rumores sobre su mala salud eran cada vez mayores, fue confirmada por su hermano Raúl a través de la televisión pública.

Castro tenía 90 años al fallecer. Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni es noticia.

La biografía de Fidel Alejandro Castro Ruz comienza el 13 de agosto de 1926 en el pequeño poblado de Birán, cerca de Holguín, antigua provincia cubana de Oriente. Fue el tercero de los siete hijos tenidos fuera del matrimonio por Ángel Castro, un rudo hacendado gallego llegado a Cuba como soldado de reemplazo al final de la guerra de independencia, y la cubana Lina Ruz, que entró a trabajar como criada en la finca familiar. Hasta que Ángel se divorció de su primera esposa y se casó con Lina, a principios de los años cuarenta, no dio a los niños el apellido, razón por la cual hasta bien entrada la adolescencia Fidel cargó con el estigma de ser hijo bastardo. Desde luego, ello no impidió que pronto destacara como un estudiante brillante en los internados de jesuitas por donde pasó, primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana, formación que se incrustó en el núcleo duro de su carácter.

En 1945 entró a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, donde el ambiente de efervescencia política y pistolones le llevaron a sumarse a rocambolescas aventuras revolucionarias como el intento de expedición armada para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en 1947. Un año después, siendo ya un prominente líder estudiantil, participó en la revuelta del Bogotazo tras el asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán —fue su primera experiencia de insurrección popular—, y ese mismo año de 1948 contrajo matrimonio con Mirta Díaz-Balart, una atractiva estudiante de Filosofía perteneciente a una familia adinerada, con la que tuvo su primer hijo, Fidelito.

Según el periodista norteamericano Tad Szulc, autor de una rigurosa biografía sobre Castro, desde su juventud Fidel creyó que había “líderes destinados a desempeñar papeles cruciales en la vida de los hombres, y que él era uno de ellos”. Esa convicción, unida a su intuición política y gran poder de convencimiento, así como a su temeridad y capacidad de “convertir los reveses en victorias”, le hicieron destacar en un momento muy especial de la historia de Cuba, cuando la corrupción general y el descrédito del Gobierno de Carlos Prío Socarrás eran terreno fértil para la lucha política.

Tras graduarse de abogado en 1950 y abrir un pequeño bufete, entró de lleno en política con el Partido Ortodoxo, que lo designó candidato al Congreso en las elecciones que debían realizarse en junio de 1952. Sin embargo, el 10 de marzo de ese año la historia de Fidel Castro y la de Cuba cambiaron para siempre con el golpe de Estado que encabezó el exsargento Fulgencio Batista.

Rotas sus relaciones con la ortodoxia por considerar débil su reacción al golpe, Castro concibió una acción armada que debía provocar una insurrección popular: fue el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. La operación acabó en fracaso y se saldó con la muerte de 67 de los 135 integrantes del comando revolucionario, la mayoría asesinados después de los combates. Los rebeldes fueron juzgados en un proceso muy sonado en el que Castro asumió su propia defensa, el célebre alegato conocido como La historia me absolverá, donde expuso su programa político y revolucionario que incluía entre sus demandas la restauración de la constitución de 1940.

Fidel fue condenado a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, pero los moncadistas fueron amnistiados en 1955 y Castro partió hacia el exilio. En México, donde conoció al Che Guevara, preparó el desembarco del yate Granma, que se produjo el 2 de diciembre de 1956 en la playa de las Coloradas, en la costa oriental de Cuba, acción que marcó el inicio de dos años de lucha guerrillera en la Sierra Maestra y que finalmente condujo a la derrota del Ejército de Batista y la huida del dictador en la madrugada del 1 de enero de 1959.

Ningún historiador puede asegurar que Castro era marxista cuando peleaba en las montañas de Sierra Maestra. No hay un solo documento que lo pruebe. Sin embargo, sí lo hay de que su enfrentamiento con Estados Unidos viene de temprano. En la carta que envió el 5 de junio de 1958 a su colaboradora Celia Sánchez, después de que aviones de Batista bombardearan con proyectiles norteamericanos el bohío de un campesino, le dice: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”. Para muchos analistas esta famosa carta es clave para comprender la psicología y el modo de actuar de Castro en adelante.

Fidel bajó de la montaña envuelto en la bandera de José Martí y convertido en un ídolo popular que encarnaba los valores de la justicia social en una nación empobrecida por la dictadura. Los intelectuales de todo el mundo, con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir a la cabeza, saludaron su victoria y aquella magia duró algunos años pese a que la revolución se radicalizó pronto.

En aquel momento Castro gozaba de un inmenso apoyo popular y su imagen era la de un genuino líder revolucionario, joven, atrevido y lleno de frescura, nada que ver con los grises dirigentes de los países comunistas de Europa del Este, instalados en el poder por obra y gracia de los tanques soviéticos y por ello simples marionetas del Kremlin.

En fecha tan temprana como el 17 de mayo de 1959, Castro puso en marcha la primera ley de reforma agraria, que supuso la expropiación de los grandes latifundios azucareros, muchos de ellos norteamericanos, a lo que siguieron una serie de medidas de corte social. Los colegios religiosos fueron nacionalizados, se hizo una campaña nacional contra el analfabetismo y tanto la educación como la salud pasaron a ser universales y gratuitas. Ya en junio Castro abandonó la promesa de celebrar elecciones libres en 18 meses (“primero la revolución, luego las elecciones”, dijo) y emprendió un drástico reordenamiento de las instituciones, mientras los fusilamientos de los primeros tiempos de la revolución eran criticados en el exterior. Los desencuentros iniciales con EE UU se convirtieron enseguida en agrias tensiones y muy pronto la espiral de medidas y contramedidas se hizo indetenible. Washington adoptó las primeras restricciones del embargo económico y en mayo de 1960 Castro reanudó las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, interrumpidas por Batista en 1952.

No hay consenso sobre si fue el líder de la revolución con su apuesta por la vía socialista quien arrastró a EE UU al enfrentamiento, o si fue la Casa Blanca con su intolerancia a las medidas revolucionarias la responsable de que Castro se arrojase a los brazos protectores de Moscú y comulgara con una ideología que no era bandera original de la revolución. De cualquier modo, desde el principio el diferendo con EE UU se instaló en el centro de la política nacional, y si bien es cierto que esta circunstancia condicionó un Gobierno cubano con síndrome de plaza sitiada, también lo es que sirvió a Castro de justificación para todo.

Durante medio siglo Fidel gobernó la isla a golpe de discursos y utilizó masivamente la televisión para lograr el respaldo popular, un tesoro político que administró con la misma habilidad que se deshizo de sus enemigos en el momento más conveniente y que se sirvió de sus aliados para montar un sistema político a su medida, en el que el Ejército y el Partido Comunista fueron los pilares de su poder.

Uno de sus buenos amigos, el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez, escribió de él una vez que “su devoción por la palabra” era “casi mágica”. “Tres horas son para él un buen promedio de una conversación ordinaria. Y de tres horas en tres horas, los días se le pasan como soplos”, señaló Gabo. La aparente desmesura de la descripción no es tal, ni mucho menos. Cualquier político extranjero que lo haya tratado puede atestiguarlo, y no digamos los millones cubanos de cualquier edad que han debido dedicar miles o decenas de miles de horas de su vida a escuchar las alocuciones y arengas del comandante.

Siempre al frente de Cuba y arropado por un grupo de históricos de confianza, durante medio siglo fue protagonista de todos los grandes acontecimientos del país y de no pocos hechos con repercusión internacional. En la primavera de 1961, Fidel en persona dirigió las operaciones militares para derrotar la invasión de Bahía de Cochinos, una aventura organizada y financiada por la CIA en tiempos de Eisenhower y heredada por John Fitzgerald Kennedy, que el líder comunista aprovechó para hacer lo que hasta ese momento no se había atrevido: declarar el carácter socialista de la revolución y unir todavía más a los cubanos en torno a su figura. Un año más tarde, con solo 36 años de edad, Castro fue protagonista principal de la crisis de los misiles, cuando en nombre de la hermandad socialista Cuba se convirtió en un sembrado de cohetes soviéticos y el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.

De un modo u otro, sus manos y su cabeza estuvieron en todo: el apoyo de las guerrillas y movimientos insurgentes en África y América Latina; la aventura fracasada del Che Guevara en Bolivia, que fue precedida por la incursión del revolucionario cubano-argentino en el Congo; la zafra azucarera de los 10 millones, en los años setenta, una más de sus estrategias económicas voluntaristas diseñada para ser la salvación productiva del país y cuyo fracaso estrepitoso le obligó a entregarse definitivamente a la Unión Soviética y tragar con el lodazal burocrático del socialismo real para sobreponerse al colapso. También Fidel Castro fue responsable último de la llegada del quinquenio gris a la cultura cubana y la introducción de un sinnúmero de instituciones acartonadas calcadas de la URSS; del éxodo del Mariel, que lanzó al exilio a 125.000 cubanos en unos pocos meses de 1980, una huida vergonzante que escandalizó al mundo y dividió aún más a las familias cubanas; el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y de otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior acusados de narcotráfico, la fractura interna más grave ocurrida hasta entonces dentro de la revolución. Otros hitos fueron la guerra de Angola, por donde pasaron más de 300.000 soldados cubanos en 15 años; el triunfo de la revolución sandinista en 1979, apadrinada por el líder cubano en los campos de entrenamiento cubanos y en las casas de protocolo de La Habana; el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate; la crisis de los balseros o la resistencia legendaria del comandante a la política de embargo económico estadounidense, una justificación perfecta para casi todo.

En los años noventa, a la debacle provocada por la desaparición del campo socialista el líder comunista sobrevivió enrocándose numantinamente, fue cuando proclamó su consigna de “Socialismo o muerte”. Obligado en los años noventa a iniciar una tímida reforma económica que implicó la legalización del dólar y la apertura de ciertos espacios a la iniciativa privada, Castro se dio cuenta de inmediato de que lo que por un lado era la salvación del régimen por otro carcomía la viga maestra de la revolución. El dólar rompió el país en dos y marcó un antes y un después en la Cuba de Fidel Castro, que desde 1959 había tenido el igualitarismo como su piedra filosofal.

Entre 1989 y 1993 el mundo se vino abajo para el socialismo cubano. La isla perdió de un plumazo el 90% de sus suministros y el 35% de su Producto Interno Bruto, y aunque el pragmatismo de Castro le llevó a aceptar una serie de reformas, en el fondo las aborrecía y ocurrió lo que suele pasar cuando alguien hace algo que no desea. Solo así se explican las contradicciones delirantes de algunas de las medidas que se adoptaron entonces para oxigenar la economía, como la autorización del trabajo por cuenta propia. Partiendo de la base de que para Fidel Castro el dinero era pecado y que, según su teoría, quien lo gana en abundancia obtiene unos márgenes de independencia nada conveniente para el sistema, la lista de profesiones autorizadas para ejercer el trabajo autónomo era de espanto: “forrador de botones”, “limpiador de bujías”, “elaborador de natillas de vainilla (si eran de chocolate ya era delito), “carretonero” o “aguador”, entre otros oficios más propios del siglo XIX. En el caso de los graduados universitarios, la norma que se adoptó también tenía una lógica singular: solo podían ejercer el cuentapropismo si se empleaban en una especialidad distinta de la que se formaron.

Pese a todas las restricciones y despropósitos, la iniciativa privada fue abriéndose espacio y el número de trabajadores por cuenta propia creció sin pausa, hasta que superado lo peor de la crisis Castro dio un puñetazo sobre la mesa y él mismo cercenó el proceso de cambios que había respaldado años antes. Así, el siglo XXI entró en Cuba unido al regreso al más estricto centralismo estatal en lo económico y en lo político. Ya en 2003, no le tembló el pulso para enviar a la cárcel a 75 disidentes con sanciones de entre 6 y 28 años de cárcel pese a la unánime condena internacional, mientras la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela fue para él un balón de oxígeno —el intercambio de petróleo por servicios de salud fue el pilar de las cuentas cubanas en la pasada década— además de un reverdecer de sus viejos sueños de extender la revolución por el continente. La temprana muerte del líder bolivariano fue para él y para su hermano Raúl Castro un duro golpe.

Tras la grave enfermedad intestinal que casi le cuesta la vida y le sacó del ejercicio del poder el 31 de julio de 2006, Raúl Castro se hizo cargo de la presidencia del Gobierno y luego del liderazgo del Partido Comunista. Se inició entonces un proceso de reformas aperturistas muy controlado, así como un desmontaje silencioso del sistema paternalista y de gratuidades sociales creado por Fidel. Desde entonces el líder comunista se mantuvo en un segundo plano, escribiendo artículos sobre diversos temas y clamando contra Estados Unidos y el capitalismo desde su retiro dorado.

El 17 de diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y Obama anunciaron el histórico acuerdo del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, Castro no hizo ningún comentario público. Tampoco reapareció al regresar a la isla ese mismo día los tres agentes cubanos condenados en EE UU por espionaje, que eran considerados héroes en la isla. La campaña para conseguir su vuelta a casa, mediante un acuerdo con Washington a cambio del contratista norteamericano Alan Gross, fue una de las últimas batallas políticas del Comandante.

Dictador calavera para muchos, último revolucionario del siglo XX para sus admiradores en el Tercer Mundo, desde hacía tiempo Castro no participaba en las decisiones de gobierno, aunque por su carácter de símbolo hasta el último hilo de vida influyó en el rumbo político del régimen cubano y marcó la línea roja que no debía cruzarse. Ahora ya no existe. Y esta vez sí es de verdad.

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miércoles, 9 de noviembre de 2016

DONALD TRUMP GANA LA PRESIDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS




El candidato republicano Donald Trump ha conmocionado a medio Estados Unidos y al mundo entero al derrotar a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Trump, un populista con un discurso que para muchos es xenófobo y antisistema, será el próximo presidente de Estados Unidos. 



Con el apoyo masivo de los estadounidenses blancos descontentos con las élites políticas y económicas, e inquietos por cambios demográficos acelerados, Trump rompió los pronósticos de los sondeos y logró una victoria que aboca a su país a lo desconocido. Nadie como Trump supo entender el hartazgo con el establishment, con el que se identificaba a Clinton. La ola populista global ha llegado a la Casa Blanca.

El mundo esperaba ver a la primera mujer en la presidencia de EE UU, después de tener a un presidente afroamericano. Ocurrió lo inesperado. Los votantes eligieron a un demagogo, un hombre que ha reavivado algunas de las tradiciones más oscuras del país, que ha colocado en el centro del discurso político el insulto y la descalificación, un admirador de Vladímir Putin que amaga con reformular las alianzas internacionales de EE UU y lanzar un desafío al vecino del sur, México.

De norte a sur, de este a oeste, en Estados que votaron al presidente demócrata, Barack Obama, en 2008 y 2012, y en Estados republicanos, del tsunami de Trump, una combinación de voto rural y voto obrero blanco, barrió con las estrategias sofisticadas de la campaña demócrata y anuló el efecto del voto latino y de las minorías por Clinton.

A medida que llegaban los resultados en los Estados clave y Trump sumaba victoria tras victoria, se disparaba el desconcierto de los especialistas en sondeos, de los estrategas demócratas, los mercados financieros y las cancillerías occidentales. La victoria en Florida, Estado que el presidente Barack Obama, demócrata como Clinton, ganó dos veces, abrió la vía para la victoria de un magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad que ha sacudido los cimientos de la política tradicional. Trump ganó después en Carolina del Norte, en Ohio y Pensilvania, entre otros Estados que Clinton necesitaba para ganar.

La llegada de Trump a la Casa Blanca puede suponer una ruptura con algunas tradiciones democráticas de EE UU como es el respeto a las minorías y con la tranquila alternancia entre gobernantes que discrepaban de su visión del país, pero no en los valores fundamentales que le han sostenido desde su fundación.

Trump, que ha prometido construir un muro en la frontera con México y prohibir la entrada de musulmanes a EE UU, ha demostrado que un hombre prácticamente solo, contra todo y contra todos, y sin depender de donantes multimillonarios, es capaz de llegar a la sala de mandos del poder mundial. A partir del 20 de enero, allí tendrá al alcance de la mano la maleta con los códigos nucleares y controlará las fuerzas armadas más letales de planeta, además de disponer de un púlpito único para dirigirse su país y marcar la agenda mundial. Desde la Casa Blanca podrá lanzarse, si cumple sus promesas, a batallas con países vecinos como México, al que quiere obligar a sufragar el muro. México, vecino y hasta ahora amigo de EE UU, será el primero en la agenda del presidente Trump.

El republicano ha desmentido a todos los que desde hacía medio año pronosticaban su derrota. Ha derrotado a los Clinton, la familia más poderosa de la política estadounidense en las últimas tres décadas, si se exceptúa a otra familia, los republicanos Bush, que también se oponían a él. Se enfrentó al aparato de su propio partido, a los medios de comunicación, a Wall Street, a las grandes capitales europeas y latinoamericanas y a las organizaciones internacionales como la OTAN.

Su mérito consistió en entender el malestar de los estadounidenses víctimas del vendaval de la globalización, las clases medias que no han dejado de perder poder adquisitivo en las últimas décadas, los que han visto cómo la Gran Recesión paralizaba el ascensor social, los que asisten desconcertados a los cambios demográficos y sociales en un país cuyas élites políticas y económicas les ignoran. Los blancos de clase trabajadora —una minoría antiguamente demócrata que compite con otras minorías como los latinos o los negros pero que carece de un estatus social de víctima— han encontrado en Trump al hombre providencial. También la corriente racista que existe en el país de la esclavitud y la segregación halló en Trump un líder a medida.

Trump pronosticó durante la campaña un Brexit multiplicado por cinco, en alusión a la decisión de Gran Bretaña, en referéndum, de salir de la Unión Europea. Y se ha cumplido. La furia populista a ambos lados del Atlánticoconsigue así su mayor victoria. El golpe se dirige a las élites estadounidenses y globales. Y es una prueba de que tiempos de incertidumbre son el caldo de cultivo idóneo para los líderes con los sensores para identificar los temores de la sociedad y con un mensaje simplificador que identifique al enemigo interno y externo.

Los interminables escándalos, reales o inventados, de Clinton lastraron su candidatura. Pocos políticos se identificaban tanto con las élites como ella. A fin de cuentas, es la esposa de un presidente y EE UU, un república fundada contra las dinastías, ya tuvo suficiente con los presidentes Bush padre e hijo.

Los estadounidenses querían probar algo distinto, y en un año de cambio, después de ocho con un demócrata en la Casa Blanca, no había candidato más nuevo que Trump, ninguno que representase mejor que él un puñetazo al sistema, el intento de hacer borrón y cuenta nueva con la clase política de uno y otro partido. No importaron sus salidas de tono constante, ni sus mentiras, ni sus ofensas a los excombatientes, ni sus declaraciones machistas. No importó que EE UU tuviese un presidente popular del mismo partido demócrata, ni que la economía hubiese crecido a ritmo sostenido en los últimos años y el desempleo se hubiese reducido a niveles de plena ocupación.

La victoria del republicano deja una sociedad fracturada. Las minorías, las mujeres, los extranjeros que se han sentido insultadas por Trump deberán acostumbrarse a verlo como presidente. También deja una sociedad con miedo. El presidente electo ha prometido deportar a los 11 millones de inmigrantes sin papeles, una operación logística con precedentes históricos siniestros. El veto a la entrada de los musulmanes vulnera los principios de igualdad consagrados en la Constitución de EE UU.

Su inexperiencia y escasa preparación alimentan la incógnita sobre cómo gobernará. Una teoría es que una vez en el despacho oval se moderara y que, de todos modos, el sistema de contrapoderes frene cualquier afán autoritario. La otra es que, aunque este país no haya experimentado un régimen dictatorial en el pasado, las proclamas de Trump en campaña auguran una deriva autoritaria.

Hay momentos en los que las grandes naciones dan giros brusco. Cuando se trata de Estados Unidos de América, el giro afecta a toda la humanidad. El 8 de noviembre de 2016 puede pasar a la historia como uno de estos momentos.. 


FUENTE: http://internacional.elpais.com/
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lunes, 3 de octubre de 2016

COLOMBIA LE DIJO NO AL ACUERDO DE PAZ

En un resultado sorpresivo, los votantes colombianos rechazaron este domingo el acuerdo alcanzado por el gobierno con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sumiendo en la incertidumbre el proceso de paz con los insurgentes.



Con el 99,98% de las mesas de votación escrutadas en el plebiscito convocado por el gobierno para refrendar el acuerdo con las FARC, las autoridades indican que el 50,2% de los votantes hasta ahora contabilizados optaron por el No, mientras que el 49,7% lo hicieron por el Sí.
El presidente colombiano Juan Manuel Santos dijo este domingo que "soy el primero en reconocer el resultado".
El mandatario aseguró que el cese el fuego bilateral con las FARC seguirá vigente y que el mismo lunes convocará a todas las fuerzas políticas, en especial a las de oposición, para escucharlas y seguir buscando una salida dialogada al conflicto con las FARC.
Desde Cuba, el jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño ("Timochenko"), dijo que los insurgentes seguirán buscando una solución negociada a las hostilidades."Las FARC mantienen su voluntad de paz", aseguró.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien encabezó la oposición al acuerdo de paz con las FARC, manifestó este domingo a los medios que el sentimiento de los colombianos que votaron por el Sí y el No tenían en común que buscaban la paz.
"Ninguno quiere la violencia. Pedimos que no haya violencia, que se les de protección a las FARC y que cesen todos los delitos, incluidos el narcotráfico y la extorsión", dijo el exmandatario y ahora senador.
En un comunicado que leyó desde su residencia cerca de Medellín -la segunda ciudad del país- y acompañado por varios seguidores, el expresidente hizo una referencia sobre el tema que más generó debates alrededor del acuerdo de paz firmado entre el gobierno y las FARC.
"Justicia, no derogación de las instituciones. Pluralismo político sin que pueda percibirse como premio al delito, justicia social sin poner en riesgo a la empresa honorable", explicó.
Uribe Vélez manifestó estar interesado en participar en un "Gran Pacto Nacional" con otras fuerzas políticas en torno a la búsqueda de la paz.
"Nos parece fundamental que en nombre de la paz no se creen riesgos a los valores que la hacen posible: la libertad, la justicia institucional, el pluralismo, la confianza en el emprendimiento privado, acompañado de una educación universal, de calidad, como cabeza de la política social", concluyó.
FUENTE: http://www.bbc.com/
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miércoles, 31 de agosto de 2016

SENADO BRASILEÑO DESTITUYE A DILMA ROUSSEFF DE LA PRESIDENCIA DE BRASIL



8 meses y 17 días después de su inicio, el proceso de impeachment contra la presodenta Dilma Rousseff llegó este miércoles a su desenlace.

Alrededor de las 13:30 hora local (16:30 GMT), 61 senadores votaron a favor de retirar a la presidenta de su cargo de manera definitiva. 20 rechazaron la medida y no hubo abstenciones.

Para recuperar su cargo, del que fue apartada temporalmente en mayo, Rousseff necesitaba el apoyo de al menos dos tercios de la cámara, 54 senadores.

La ahora expresidenta del gigante latinoamericano fue apartada así de la función a la que que llegó tras las elecciones presidenciales de 2011 y para la que fue reelegida en 2014.

Atrás quedan cinco años de gobierno de quien fue la primera mujer en presidir Brasil, una figura con una larga trayectoria política que se inició con su militancia guerrillera contra el gobierno militar, primero en su Belo Horizonte natal y después en Río de Janeiro y Sao Paulo.

Tras su paso por prisión en 1970, donde fue torturada, y tras la caída del gobierno de facto, Rousseff continuó su activismo político, que la llevó a convertirse en una figura clave del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, primer presidente del Partido dos Trabalhadores (PT).Lula se convirtió en su mentor político, la designó como su sucesora y la aupó como candidata presidencial en 2011.

Ahora, con la salida de Rousseff de la presidencia, también se pone fin al periodo de 13 años de gobiernos del PT que comenzó con Lula da Silva en 2003.

Temer, presidente hasta 2018
El relevo lo toma Michel Temer, quien ya había sustituido a Rousseff como presidente desde su suspensión en mayo, y permanecerá a cargo del gobierno brasileño hasta finales de 2018.
Antes de eso, Temer, líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, de centro derecha, era vicepresidente del gobierno en la coalición que llevó a Rousseff a la presidencia.
El PMDB es, por número de diputados y senadores, el partido más grande de Brasil. Pese a ello, no ha tenido candidato propio a la presidencia desde 1994, lo que no ha evitado que sea el partido que más presencia ha tenido en el gobierno federal desde el regreso de la democracia a Brasil hace 30 años.


Con la votación del Senado de este miércoles se culminó el proceso de investigación sobre la presunta manipulación de los presupuestos del gobierno brasileño.
El pedido de impeachment a la presidenta llegó al Congreso en octubre del año pasado. Los adversarios de Rousseff acusan a su gobierno de tomar préstamos de bancos estatales sin consultar al parlamento para tapar agujeros en las cuentas públicas.

El juicio sobre el impeachment comenzó el jueves pasado, cuando se empezaron a escuchar en el Senado los testimonios a favor y en contra de la presidenta.
Rousseff negó en todo momento los hechos de los que se le responsabiliza y su defensa señaló que tales acusaciones no son suficientes para tomar una medida tan drástica como apartar un presidente de la república.

El lunes, en una defensa que duró 13 horas, Rousseff pronunció un discurso en el que calificaba al impeachment como un "golpe contra la democracia".
"Como todos, tengo defectos. Pero entre mis defectos no están la deslealtad y la cobardía. No traiciono los compromisos que asumo", aseguró.
"No lucho por mi mandato por vanidad o apego al poder, lucho por la democracia y por el bienestar del pueblo", agregó.

Fin del impeachment
Sin embargo, ni el emotivo discurso de la presidenta, ni el de su abogado defensor cambiaron el sentido del voto de la cámara.
Ahora, el presidente del Tribunal Supremo Federal, Ricardo Lewandowski, redactará la sentencia y la publicará en el Diario Oficial.

"Se trata de un juicio sobre responsabilidades políticas, no penales, de modo que Rousseff no puede ser juzgada por esta cuestión en un tribunal", apunta Pablo Uchoa, periodista de BBC Brasil.
Como telón de fondo del proceso de impeachment queda la investigación "Lava Jato" (lavado de autos) sobre presuntos sobornos que, según la Fiscalía, ayudaron a financiar campañas del PT y sus socios de gobierno y que puso en cuestión a la clase política brasileña en general.
Aunque algunos miembros de su partido, incluido Lula da Silva, se vieron afectados por ese escándalo, Rousseff -que facilitó la investigación desde la presidencia- nunca ha sido acusada de enriquecimiento ilícito.

FUENTE: 
http://www.bbc.com/
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miércoles, 24 de agosto de 2016

DEVASTADOR TERREMOTO EN ITALIA DEJA POR LO MENOS 247 MUERTOS


Un devastador terremoto de 6 grados en la escala de Richter sacudió la zona centro de Italia en la madrugada del miércoles 24 de agosto. El epicentro se ubicó a 4 kilómetros de profundidad en una zona montañosa cerca del pueblo de Accumoli, en la provincia de Rieti, según el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia. La cifra de fallecidos sigue aumentando y hasta el momento se reporta 247, entre ellos muchos niños, aunque puede aumentar, según fuentes de Protección Civil citadas por medios locales.


El alcalde de la localidad italiana de Amatrice, en la provincia de Rieti, en la región del Lacio, confirmó que "la mitad de la localidad" ha sufrido fuertes daños como consecuencia del terremoto de 6 grados de magnitud. El movimiento sísmico arrasó con gran parte de poblaciones como Amatrice, Accumoli y Pescara del Tronto.

"La mitad de la localidad ya no existe, la gente está bajo los escombros", declaró el alcalde de Amatrice, Sergio Pirozzi, a la cadena privada Sky. El alcalde de Amatrice confirmó que se han producido derrumbes graves en varios edificios y puentes que complican el acceso a la zona por parte de las autoridades italianas, que tratan de ayudar a las personas que se encuentran "bajo los escombros".

El Consulado General del Perú en Roma compartió en su cuenta de Facebook un video del canal RAI News, en el cual un rescatista asegura haber encontrado herido a un joven que se identificó como peruano. El cónsul general del Perú en Roma, José Antonio García Torres, dijo en diálogo con RPP Noticias que aún no se han registrado peruanos en la lista de víctimas mortales, pero que en la zona viven cerca de 6 mil peruanos.

"Queremos una reconstrucción verdadera para que los habitantes de estos pueblos puedan seguir manteniendo su comunidad y conserven el pasado de estas localidades, un pasado maravilloso que no puede quedar perdido", dijo el primer ministro Matteo Renzi.

Un sismo de 4,7 grados en la escala de Richter sacudió la madrugada de este jueves la misma zona del centro de Italia en la que otro terremoto causó la muerte de por lo menos 247 personas, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El último temblor ocurrió a 10 kilómetros de profundidad a las 05.17 hora local (03.17 GMT) siete kilómetros al este de Norcia. Es la última de varias réplicas que han seguido al terremoto de 6,2 grados que destruyó parte de la localidad de Amatrice, donde sigue la búsqueda de desaparecidos.

FUENTE: RPP
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miércoles, 27 de julio de 2016

HILLARY CLINTON YA ES CANDIDATA OFICIAL DEMÓCRATA A LA CASA BLANCA



Hillary Clinton se ha convertido este miércoles en la primera mujer candidata con posibilidad de gobernar Estados Unidos al conseguir sobrepasar los 2.383 votos necesarios durante la convención demócrata.



Clinton partía como favorita para la nominación democráta, y así se ha confirmado durante la segunda jornada de la convención del partido. Su principal rival, Bernie Sanders, ha obtenido 921 apoyos menos, y se ha quedado lejos de la barrera que le hubiera otorgado la mayoría necesaria para proclamarse candidato. Precisamente, con el fin de buscar la cohesión del partido, ha pedido a sus delegados que voten «de manera unánime» a la ya candidata.

Con este hecho, Clinton se convierte en la primera mujer con aspiraciones reales a liderar la Casa Blanca. Para ello, tendrá que enfrentarse al candidato republicano, Donald Trump, nominado para aspirar a dicho cargo hace precisamente una semana. Trump aventaja, según las últimas encuestas, a Hillary, que ya perdió en un mes la ventaja de seis puntos con la que contaba sobre su rival, entre otras cosas, por el escándalo de los correos electrónicos y el plan de sabotaje contra su rival en las primarias, Bernie Sanders. Su batalla, hasta la celebración de las elecciones en noviembre, consistirá en revertir ese mal resultado que, por el momento, auguran los sondeos.


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