jueves, 13 de julio de 2017

CONDENAN A EXPRESIDENTE LULA POR CORRUPCIÓN EN PRIMERA INSTANCIA

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue condenado ayer a nueve años y medio de cárcel por un tribunal de primera instancia, por su implicación en la red de corrupción que operó en Petrobras, informaron fuentes oficiales.

La sentencia fue dictada por el juez Sergio Moro, responsable de las investigaciones sobre la colosal trama corrupta destapada en el seno de la petrolera estatal, quien encontró a Lula culpable de los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero.

Esta es la primera condena que recibe el exmandatario, quien aún responde en otras cinco causas penales abiertas por la Justicia, la mayoría de ellas relacionados con el caso Petrobras.

En el caso de la sentencia dictada ayer, Lula era acusado por la Fiscalía de corrupción pasiva y lavado de dinero por supuestamente haber recibido 3,7 millones de reales (1,1 millones de dólares) en sobornos a raíz de contratos suscritos entre la constructora OAS y Petrobras.
 
El pago de esas coimas se habría materializado en la reserva y reforma de un apartamento tríplex en el balneario de Guarujá, en el litoral del estado de Sao Paulo, y el pago del almacenamiento de los regalos recibidos durante su gestión (2003-2010).

El inmueble aparece en los registros como propiedad de la constructora OAS, una de las implicadas en el escándalo de Petrobras, pero según la acusación el verdadero dueño sería Lula, quien lo habría recibido en concepto de soborno, es decir, a cambio de "favores" hechos desde el poder a esa constructora.

A pesar de la condena, el exmandatario aún puede aspirar a ser candidato para las elecciones generales de 2018, lo cual solo sería impedido si la sentencia fuera ratificada en segunda instancia.

Lula aparece actualmente como el líder más valorado en las encuestas y aunque aún no ha lo ha hecho oficial, ha manifestado en repetidas ocasiones su deseo de volver a competir en unos comicios.

Además de las causas ya abiertas, Lula puede llegar a ser investigado en otros seis procesos más, según solicitó la Corte Suprema con base en confesiones hechas por exdirectivos del grupo Odebrecht, y también está salpicado por revelaciones de ejecutivos del grupo cárnico JBS.

En este último caso, por los testimonios dados por los dueños de esa empresa, la Fiscalía también presentí una denuncia formal por corrupción pasiva contra el actual mandatario, Michel Temer, quien puede ser despojado del cargo si el Congreso avala el inicio de un juicio penal. 


FUENTE. EFE


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LEOPOLDO LÓPEZ SALE DE LA CÁRCEL


El régimen de Nicolás Maduro, presionado por las protestas sociales, concedió ayer el arresto domiciliario a Leopoldo López, el más célebre preso político de Venezuela. Maduro busca así un balón de oxígeno para calmar el estallido social. López llegó a su casa la madrugada del sábado escoltado por la policía política venezolana desde la prisión de Ramo Verde, donde pasó tres años y cinco meses. El líder opositor apareció por la tarde, con una bandera de Venezuela entre las manos, encima del muro de su residencia para agradecer a quienes fueron a respaldarle. “Sí se puede”, gritaba la multitud.

El Gobierno venezolano tomó la decisión en un clima de estallido social y tras una larga mediación internacional. La oposición redobló el pulso al chavismo a finales de marzo, cuando el Tribunal Supremo de Justicia dejó sin competencias al Parlamento, controlado por la oposición, y retomó la iniciativa en la calle con una nueva oleada de movilizaciones. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que han dejado ya más de 90 muertos, la represión y las grietas cada vez más evidentes dentro del oficialismo, encarnadas por la ruptura de la fiscal Luisa Ortega Díaz con el régimen, han llevado la tensión al límite.


FUENTE: https://internacional.elpais.com/
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domingo, 7 de mayo de 2017

EMMANUEL MACRON ES ELEGIDO NUEVO PRESIDENTE DE FRANCIA



El centrista proeuropeo Emmanuel Macron de 39 años es el nuevo presidente de Francia y sucederá a François Hollande. Al menos, así lo estiman los primeros resultados de la contienda electoral de este domingo. Según las últimas actualizaciones, el candidato centrista de ¡En Marcha! obtuvo 65.1%, una cifra superior a la de la candidata ultraderechista del Frente Nacional, Marine Le Pen, que alcanzó un 34.9%.

Con 39 años, Macron se convertiría en el presidente francés más joven de la historia de su República. Sin embargo, esta no sería su primera vez como funcionario público. Entre el 2014 y el 2016, formó parte del Gabinete en el actual Gobierno como ministro de Economía. Antes de asumir ese puesto, fue secretario general del despacho de Hollande.

Sus planes. Con esta aparente victoria, los proyectos del candidato se tornan cada vez más reales. A diferencia de su contrincante, Macron propone el reforzamiento de la participación de Francia en la Unión Europea. 

Además, pondrá en marcha iniciativas que otorguen mayor protección a los inmigrantes, siempre que estos tengan sus papeles en orden. En cuanto a las políticas de seguridad frente al terrorismo islámico, el electo presidente aumentará el gasto en Defensa al 2% del Producto Bruto Interno (PBI).

Con una apuesta conservadora y nacionalista, Le Pen se mostraba como un personaje antagónico frente a Macron. Para ella, es necesario que Francia se retire de la Unión Europea. Además, planeaba limitar el número de inmigrantes recibidos en territorio francés a un tope de 10 mil por año.

Otra de las polémicas propuestas de Le Pen era prohibir a las inmigrantes musulmanas el uso del velo islámico y los burkinis en público. Sobre seguridad, la lideresa del Frente Nacional tenía planteado expulsar automáticamente a todos los inmigrantes con historial delictivo, además de aumentar el presupuesto y el número de policías a 15 mil más.


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lunes, 3 de abril de 2017

POR MÍNIMA DIFERENCIA, LENIN MORENO ES EL NUEVO PRESIDENTE DEL ECUADOR



El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador divulgó la información de que Lenin Moreno lleva una mínima ventaja de apenas un poco más del 2 por ciento de los votos (51,15% a 48.85%) frente al ex banquero Guillermo Lasso, con más del 98% de las actas escrutadas.

Una vez que se confirme el resultado, el candidato del presidente saliente Rafael Correa se convertirá en el titular del ejecutivo ecuatoriano número 45 de su historia.

Su rival, el conservador Lasso, no aceptó aún la derrota en el balotaje y aseguró que pedirá un recuento voto por voto. Incluso algunos partidarios de este candidato protestaron el domingo a la noche en la sede del CNE.

Lenin Moreno es un administrador de 64 años que sufre de paraplejia producto de un disparo que le dañó la médula espinal en 1998. Entre sus promesas está la de mejorar los planes sociales del mandatario actual –Rafael Correa– y reconciliar al dividido país alejándose del estilo confrontacional del saliente presidente, que dominó casi hegemónicamente la política desde que llegó al poder en 2007.

“De aquí en adelante a trabajar por el país. ¡Todos! Todos vamos a trabajar por nuestro querido Ecuador”, dijo Moreno al proclamarse vencedor tras conocer los resultados oficiales del CNE ante miles de simpatizantes que ondeaban banderas verdes, publicó Reuters. “Sabremos escuchar las críticas. Vamos a trabajar en paz y armonía. Bienvenidos luchadores de la paz y de la vida”, agregó.

FUENTE: http://www.merca20.com
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viernes, 20 de enero de 2017

DONALD TRUMP ASUME LA PRESIDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, brindó su primer discurso a la Nación tras jurar al cargo, en una ceremonia realizada ante las escalinatas del Capitolio, en Washington.



En su discurso de investidura, el republicano aseguró que comenzará un “gran esfuerzo nacional para reconstruir el país”, que determinará el rumbo de Estados Unidos y de todo el mundo “por muchos, muchos años”.

“Nosotros, los ciudadanos de Estados Unidos, estamos unidos en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo su pueblo. (...) Hoy estamos regresando el poder al pueblo”.

En un discurso calificado como populista, el nuevo mandatario anticipó que su Gobierno enfrentará retos, pero hará el trabajo que sea necesario para salir bien librado. “Hoy no se transfiere solo el poder de un partido a otro, sino que el poder pasa de Washington al pueblo”.

El discurso del magnate también abordó algo de política internacional, aunque someramente. Trumo prometió que buscará la amistad con los demás países, pero siempre bajo la máxima de que los intereses estadounidenses “están primero”, algo que arrancó los aplausos de los miles de asistentes a la ceremonia.

Además, Trump rechazó el divisionismo entre los estadounidenses. Defendió que tanto si el color de piel es “negro, marrón o blanco, todos comparten la misma sangre roja de los patriotas”.

El republicano cerró su discurso inaugural usando la frase que le encumbró en campaña: “Juntos, haremos Estados Unidos grande de nuevo”.

La investidura. Trump juró el cargo sobre dos Biblias, una de su propiedad y otra que usó Abraham Lincoln en su primera toma de posesión, empleada también por el ya expresidente Barack Obama en sus dos investiduras (2009 y 2013).

Trump se convirtió en el 45 presidente estadounidense un minuto después del mediodía, y luego de su discurso desfilará por la Avenida Pensilvania hasta la Casa Blanca, donde todo debe estar listo para que comience su trabajo al frente del Ejecutivo y como Comandante en Jefe.

FUENTE: EFE
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viernes, 25 de noviembre de 2016

FALLECE FIDEL CASTRO A LOS 90 AÑOS



Líder  autoritario o tirano sin más para media humanidad, leyenda revolucionaria y azote del imperialismo yanqui para los más desposeídos y la izquierda militante, Fidel Castro era el último sobreviviente de la Guerra Fría y seguramente el actor político del siglo XX que más titulares acaparó a lo largo de sus 47 años de mando absoluto en Cuba. Estrenó su poder caudillista el 1 de enero de 1959 tras derrocar a tiro limpio al régimen de Batista. Ni siquiera en el ocaso de su existencia, después de que una enfermedad lo apartó del Gobierno en 2006, desapareció su influencia en una isla que siempre se le quedó pequeña, pues Castro la concebía como una pieza más de ajedrez en la gran partida de la revolución universal, su verdadero objetivo en la vida. Su muerte, cuando los rumores sobre su mala salud eran cada vez mayores, fue confirmada por su hermano Raúl a través de la televisión pública.

Castro tenía 90 años al fallecer. Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni es noticia.

La biografía de Fidel Alejandro Castro Ruz comienza el 13 de agosto de 1926 en el pequeño poblado de Birán, cerca de Holguín, antigua provincia cubana de Oriente. Fue el tercero de los siete hijos tenidos fuera del matrimonio por Ángel Castro, un rudo hacendado gallego llegado a Cuba como soldado de reemplazo al final de la guerra de independencia, y la cubana Lina Ruz, que entró a trabajar como criada en la finca familiar. Hasta que Ángel se divorció de su primera esposa y se casó con Lina, a principios de los años cuarenta, no dio a los niños el apellido, razón por la cual hasta bien entrada la adolescencia Fidel cargó con el estigma de ser hijo bastardo. Desde luego, ello no impidió que pronto destacara como un estudiante brillante en los internados de jesuitas por donde pasó, primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana, formación que se incrustó en el núcleo duro de su carácter.

En 1945 entró a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, donde el ambiente de efervescencia política y pistolones le llevaron a sumarse a rocambolescas aventuras revolucionarias como el intento de expedición armada para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en 1947. Un año después, siendo ya un prominente líder estudiantil, participó en la revuelta del Bogotazo tras el asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán —fue su primera experiencia de insurrección popular—, y ese mismo año de 1948 contrajo matrimonio con Mirta Díaz-Balart, una atractiva estudiante de Filosofía perteneciente a una familia adinerada, con la que tuvo su primer hijo, Fidelito.

Según el periodista norteamericano Tad Szulc, autor de una rigurosa biografía sobre Castro, desde su juventud Fidel creyó que había “líderes destinados a desempeñar papeles cruciales en la vida de los hombres, y que él era uno de ellos”. Esa convicción, unida a su intuición política y gran poder de convencimiento, así como a su temeridad y capacidad de “convertir los reveses en victorias”, le hicieron destacar en un momento muy especial de la historia de Cuba, cuando la corrupción general y el descrédito del Gobierno de Carlos Prío Socarrás eran terreno fértil para la lucha política.

Tras graduarse de abogado en 1950 y abrir un pequeño bufete, entró de lleno en política con el Partido Ortodoxo, que lo designó candidato al Congreso en las elecciones que debían realizarse en junio de 1952. Sin embargo, el 10 de marzo de ese año la historia de Fidel Castro y la de Cuba cambiaron para siempre con el golpe de Estado que encabezó el exsargento Fulgencio Batista.

Rotas sus relaciones con la ortodoxia por considerar débil su reacción al golpe, Castro concibió una acción armada que debía provocar una insurrección popular: fue el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. La operación acabó en fracaso y se saldó con la muerte de 67 de los 135 integrantes del comando revolucionario, la mayoría asesinados después de los combates. Los rebeldes fueron juzgados en un proceso muy sonado en el que Castro asumió su propia defensa, el célebre alegato conocido como La historia me absolverá, donde expuso su programa político y revolucionario que incluía entre sus demandas la restauración de la constitución de 1940.

Fidel fue condenado a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, pero los moncadistas fueron amnistiados en 1955 y Castro partió hacia el exilio. En México, donde conoció al Che Guevara, preparó el desembarco del yate Granma, que se produjo el 2 de diciembre de 1956 en la playa de las Coloradas, en la costa oriental de Cuba, acción que marcó el inicio de dos años de lucha guerrillera en la Sierra Maestra y que finalmente condujo a la derrota del Ejército de Batista y la huida del dictador en la madrugada del 1 de enero de 1959.

Ningún historiador puede asegurar que Castro era marxista cuando peleaba en las montañas de Sierra Maestra. No hay un solo documento que lo pruebe. Sin embargo, sí lo hay de que su enfrentamiento con Estados Unidos viene de temprano. En la carta que envió el 5 de junio de 1958 a su colaboradora Celia Sánchez, después de que aviones de Batista bombardearan con proyectiles norteamericanos el bohío de un campesino, le dice: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”. Para muchos analistas esta famosa carta es clave para comprender la psicología y el modo de actuar de Castro en adelante.

Fidel bajó de la montaña envuelto en la bandera de José Martí y convertido en un ídolo popular que encarnaba los valores de la justicia social en una nación empobrecida por la dictadura. Los intelectuales de todo el mundo, con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir a la cabeza, saludaron su victoria y aquella magia duró algunos años pese a que la revolución se radicalizó pronto.

En aquel momento Castro gozaba de un inmenso apoyo popular y su imagen era la de un genuino líder revolucionario, joven, atrevido y lleno de frescura, nada que ver con los grises dirigentes de los países comunistas de Europa del Este, instalados en el poder por obra y gracia de los tanques soviéticos y por ello simples marionetas del Kremlin.

En fecha tan temprana como el 17 de mayo de 1959, Castro puso en marcha la primera ley de reforma agraria, que supuso la expropiación de los grandes latifundios azucareros, muchos de ellos norteamericanos, a lo que siguieron una serie de medidas de corte social. Los colegios religiosos fueron nacionalizados, se hizo una campaña nacional contra el analfabetismo y tanto la educación como la salud pasaron a ser universales y gratuitas. Ya en junio Castro abandonó la promesa de celebrar elecciones libres en 18 meses (“primero la revolución, luego las elecciones”, dijo) y emprendió un drástico reordenamiento de las instituciones, mientras los fusilamientos de los primeros tiempos de la revolución eran criticados en el exterior. Los desencuentros iniciales con EE UU se convirtieron enseguida en agrias tensiones y muy pronto la espiral de medidas y contramedidas se hizo indetenible. Washington adoptó las primeras restricciones del embargo económico y en mayo de 1960 Castro reanudó las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, interrumpidas por Batista en 1952.

No hay consenso sobre si fue el líder de la revolución con su apuesta por la vía socialista quien arrastró a EE UU al enfrentamiento, o si fue la Casa Blanca con su intolerancia a las medidas revolucionarias la responsable de que Castro se arrojase a los brazos protectores de Moscú y comulgara con una ideología que no era bandera original de la revolución. De cualquier modo, desde el principio el diferendo con EE UU se instaló en el centro de la política nacional, y si bien es cierto que esta circunstancia condicionó un Gobierno cubano con síndrome de plaza sitiada, también lo es que sirvió a Castro de justificación para todo.

Durante medio siglo Fidel gobernó la isla a golpe de discursos y utilizó masivamente la televisión para lograr el respaldo popular, un tesoro político que administró con la misma habilidad que se deshizo de sus enemigos en el momento más conveniente y que se sirvió de sus aliados para montar un sistema político a su medida, en el que el Ejército y el Partido Comunista fueron los pilares de su poder.

Uno de sus buenos amigos, el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez, escribió de él una vez que “su devoción por la palabra” era “casi mágica”. “Tres horas son para él un buen promedio de una conversación ordinaria. Y de tres horas en tres horas, los días se le pasan como soplos”, señaló Gabo. La aparente desmesura de la descripción no es tal, ni mucho menos. Cualquier político extranjero que lo haya tratado puede atestiguarlo, y no digamos los millones cubanos de cualquier edad que han debido dedicar miles o decenas de miles de horas de su vida a escuchar las alocuciones y arengas del comandante.

Siempre al frente de Cuba y arropado por un grupo de históricos de confianza, durante medio siglo fue protagonista de todos los grandes acontecimientos del país y de no pocos hechos con repercusión internacional. En la primavera de 1961, Fidel en persona dirigió las operaciones militares para derrotar la invasión de Bahía de Cochinos, una aventura organizada y financiada por la CIA en tiempos de Eisenhower y heredada por John Fitzgerald Kennedy, que el líder comunista aprovechó para hacer lo que hasta ese momento no se había atrevido: declarar el carácter socialista de la revolución y unir todavía más a los cubanos en torno a su figura. Un año más tarde, con solo 36 años de edad, Castro fue protagonista principal de la crisis de los misiles, cuando en nombre de la hermandad socialista Cuba se convirtió en un sembrado de cohetes soviéticos y el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.

De un modo u otro, sus manos y su cabeza estuvieron en todo: el apoyo de las guerrillas y movimientos insurgentes en África y América Latina; la aventura fracasada del Che Guevara en Bolivia, que fue precedida por la incursión del revolucionario cubano-argentino en el Congo; la zafra azucarera de los 10 millones, en los años setenta, una más de sus estrategias económicas voluntaristas diseñada para ser la salvación productiva del país y cuyo fracaso estrepitoso le obligó a entregarse definitivamente a la Unión Soviética y tragar con el lodazal burocrático del socialismo real para sobreponerse al colapso. También Fidel Castro fue responsable último de la llegada del quinquenio gris a la cultura cubana y la introducción de un sinnúmero de instituciones acartonadas calcadas de la URSS; del éxodo del Mariel, que lanzó al exilio a 125.000 cubanos en unos pocos meses de 1980, una huida vergonzante que escandalizó al mundo y dividió aún más a las familias cubanas; el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y de otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior acusados de narcotráfico, la fractura interna más grave ocurrida hasta entonces dentro de la revolución. Otros hitos fueron la guerra de Angola, por donde pasaron más de 300.000 soldados cubanos en 15 años; el triunfo de la revolución sandinista en 1979, apadrinada por el líder cubano en los campos de entrenamiento cubanos y en las casas de protocolo de La Habana; el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate; la crisis de los balseros o la resistencia legendaria del comandante a la política de embargo económico estadounidense, una justificación perfecta para casi todo.

En los años noventa, a la debacle provocada por la desaparición del campo socialista el líder comunista sobrevivió enrocándose numantinamente, fue cuando proclamó su consigna de “Socialismo o muerte”. Obligado en los años noventa a iniciar una tímida reforma económica que implicó la legalización del dólar y la apertura de ciertos espacios a la iniciativa privada, Castro se dio cuenta de inmediato de que lo que por un lado era la salvación del régimen por otro carcomía la viga maestra de la revolución. El dólar rompió el país en dos y marcó un antes y un después en la Cuba de Fidel Castro, que desde 1959 había tenido el igualitarismo como su piedra filosofal.

Entre 1989 y 1993 el mundo se vino abajo para el socialismo cubano. La isla perdió de un plumazo el 90% de sus suministros y el 35% de su Producto Interno Bruto, y aunque el pragmatismo de Castro le llevó a aceptar una serie de reformas, en el fondo las aborrecía y ocurrió lo que suele pasar cuando alguien hace algo que no desea. Solo así se explican las contradicciones delirantes de algunas de las medidas que se adoptaron entonces para oxigenar la economía, como la autorización del trabajo por cuenta propia. Partiendo de la base de que para Fidel Castro el dinero era pecado y que, según su teoría, quien lo gana en abundancia obtiene unos márgenes de independencia nada conveniente para el sistema, la lista de profesiones autorizadas para ejercer el trabajo autónomo era de espanto: “forrador de botones”, “limpiador de bujías”, “elaborador de natillas de vainilla (si eran de chocolate ya era delito), “carretonero” o “aguador”, entre otros oficios más propios del siglo XIX. En el caso de los graduados universitarios, la norma que se adoptó también tenía una lógica singular: solo podían ejercer el cuentapropismo si se empleaban en una especialidad distinta de la que se formaron.

Pese a todas las restricciones y despropósitos, la iniciativa privada fue abriéndose espacio y el número de trabajadores por cuenta propia creció sin pausa, hasta que superado lo peor de la crisis Castro dio un puñetazo sobre la mesa y él mismo cercenó el proceso de cambios que había respaldado años antes. Así, el siglo XXI entró en Cuba unido al regreso al más estricto centralismo estatal en lo económico y en lo político. Ya en 2003, no le tembló el pulso para enviar a la cárcel a 75 disidentes con sanciones de entre 6 y 28 años de cárcel pese a la unánime condena internacional, mientras la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela fue para él un balón de oxígeno —el intercambio de petróleo por servicios de salud fue el pilar de las cuentas cubanas en la pasada década— además de un reverdecer de sus viejos sueños de extender la revolución por el continente. La temprana muerte del líder bolivariano fue para él y para su hermano Raúl Castro un duro golpe.

Tras la grave enfermedad intestinal que casi le cuesta la vida y le sacó del ejercicio del poder el 31 de julio de 2006, Raúl Castro se hizo cargo de la presidencia del Gobierno y luego del liderazgo del Partido Comunista. Se inició entonces un proceso de reformas aperturistas muy controlado, así como un desmontaje silencioso del sistema paternalista y de gratuidades sociales creado por Fidel. Desde entonces el líder comunista se mantuvo en un segundo plano, escribiendo artículos sobre diversos temas y clamando contra Estados Unidos y el capitalismo desde su retiro dorado.

El 17 de diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y Obama anunciaron el histórico acuerdo del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, Castro no hizo ningún comentario público. Tampoco reapareció al regresar a la isla ese mismo día los tres agentes cubanos condenados en EE UU por espionaje, que eran considerados héroes en la isla. La campaña para conseguir su vuelta a casa, mediante un acuerdo con Washington a cambio del contratista norteamericano Alan Gross, fue una de las últimas batallas políticas del Comandante.

Dictador calavera para muchos, último revolucionario del siglo XX para sus admiradores en el Tercer Mundo, desde hacía tiempo Castro no participaba en las decisiones de gobierno, aunque por su carácter de símbolo hasta el último hilo de vida influyó en el rumbo político del régimen cubano y marcó la línea roja que no debía cruzarse. Ahora ya no existe. Y esta vez sí es de verdad.

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